martes, 16 de junio de 2015

Él

Él, confidente y protector en mis peores momentos.
Él, mi corazón entero, mi sonrisa y la razón de mis mejores vivencias.
Él, odioso y pedante. Egoísta. Causante de mis llantos mas desgarrados, de esos que te sacan el alma para afuera y la causa de mis ataques más intensos.
Él, bailarin de la cocina, amigo por momentos, enemigo, casi siempre. Gracias a él, hoy por hoy soy y elijo ser lo que ven. Gracias a él, hoy se lo que no quiero para el resto de mi vida: alguien como él.
Y cuando la gente me pregunta por amor, sólo hablo de él, de todo lo que me enseño, porque el amor es un poco eso, se trata de aprender. Aprender a querer.
Él hace un año que me dejo, hace tres semanas me escribió, hace un mes no lo veo, hace dos que no cogemos y hace cuatro que tiene novia.
     Impulsivamente se hizo parte de mi vida, y así fue como desapareció, así es él, impulsivo, como el amor. Por eso lo amé, ahora sólo lo aprecio, pero admito que alguna vez lo amé, incluso hasta cuando me dijo que no me amaba, creo que un poco me quería, pero no es lo mismo amar que querer. Ahora sólo lo aprecio, aunque a veces lo extraño, sé que ya paso, pero también sé que en cualquier momento puede volver a aparecer, porque él es así, impulsivo, como el amor. Por eso mucha gente no lo entiende, muchos incluso lo odian, admito que también lo odié, cuando odié el amor, ahí lo odié a él.

No hay comentarios:

Publicar un comentario